
Recuerda a tus amigos verdes y conoce cómo ofrecerles cuidados a los árboles urbanos para mantenerlos en buen estado y así, ayudar a tener una ciudad hermosa y equilibrada.
Hablar de árboles en una reunión de compañeros de la infancia puede ser un tema muy divertido y lleno de anécdotas, al recordar los tiempos en que fuimos pequeños y contábamos con aquellos grandes amigos verdes los cuales vivían en el jardín de la casa o del parque, con los que jugábamos, ya sea subiéndonos a sus ramas, colgando cuerdas para hacernos columpio o bien, solo para estar bajo su sombra.
Desafortunadamente, hay veces en que cuando regresamos a esos lugares fantásticos de nuestro pasado, nos llegamos a encontrar con que ya desaparecieron porque dieron paso a un nuevo fraccionamiento, producto de la creciente urbanización o murieron por falta de un mantenimiento adecuado. Sin duda, hay una ceguera hacia lo natural y una total falta de sensibilidad hacia estos seres vivos que nos ofrecen un cúmulo de beneficios ambientales en las ciudades.
Sería importante que la sociedad tomara conciencia de que, problemas ambientales como la contaminación del aire, el ruido, el calor en las calles, entre otros, se pueden revertir si actuamos como hormiguitas, colocando por aquí y por allá árboles adecuados a las ciudades para ser cuidados por la propia comunidad. Hay árboles de crecimiento lento (como el encino), que no dañan las banquetas ni rompen el drenaje o las tuberías de agua, tampoco interfieren con los cables de luz y, además de todo, poseen una gran belleza para disfrute de todos nosotros (astronómica y retama).
Afortunadamente, cada vez existen más arboricultores certificados en nuestro país a quienes les puedes solicitar información, ellos cuentan con el suficiente conocimiento y la experiencia para recomendarte las mejores especies de árboles que puedan cubrir las necesidades de tu hogar o comunidad. Si estás interesado te sugerimos consultar la página de la Asociación Mexicana de Arboricultura.
“¡Hagamos de la calle un bosque ciudadano y diminuto!”
(Paco Ignacio Taibo)